Las arrugas de la abuela

En estos día en los que cada vez es más común ver cómo la gente oculta o camufla su “yo” tras un bisturí; que trata de evitar el paso del tiempo por su rostro hasta alcanzar una caricatura de sí mismo ya poco reconocible. En este tiempo que se niega la muerte e incluso la vida, en cuanto que se olvidan las experiencias y las señales dejadas por ellas en el cuerpo. Para estos días, más que nunca, es este libro…

Un niña, más bien pequeña, se acerca a su abuela, intrigada por todas esas arrugas que cubren su cara. Mirándola (me la imagino, no mirándola, más bien escudriñándola sin ningún reparo, como hacen todos los niños cuando algo no les cuadra) no llega a entender qué gesto muestra su abuela, qué siente su abuela, así que decide preguntarle. La abuela le responde que se estima cada una de las arrugas que tiene en su cara porque todas ellas son una señal de algo que vivió. Y, así, comienza a contarle todos los recuerdos que guarda en su rostro hasta llegar a la memoria del día en el que nació ella, la niña…

Bonito, tierno, amable… en fin, os lo aconsejo. “The Lines on Nana’s Face”, lo escribió e ilustró Simona Ciraolo y lo publicó Andana Editorial, en 2016, en castellano y en valenciano, si lo preferís. En la biblioteca de Bétera, los de aquí, lo podréis encontrar.

¡Hasta la semana que viene!

Discurso del oso.

Me gustan esas editoriales que apuestan por algo inseguro, por algo que jamás se convertirá en un superventas de la literatura infantil pero que, aún así, consideran que es importante acercar a los niños.

Y, estoy hablando nada más y nada menos que de un texto de Cortázar (sin adaptar, tal cual) ilustrado por Urberuaga. “Discurso del oso” es uno de los escritos incluídos en “Historias de cronopios y de famas” en el que un oso que habita en las cañerías de los edificios se describe, a sí mismo y al mundo humano que le rodea, en un relato surrealista o incluso, podríamos decir, onírico. Y es por esto por lo que creo que un texto así puede llegar a los niños: cuando lees estos relatos de Cortázar, no hay nada mejor que dejarse llevar; sin pretender dar sentido a lo que estás leyendo, como quien entra en un duermevela, aún consciente, pero que comienza a arrastrarte hasta lo surrealista del sueño profundo, y este mundo pienso que está muy cerca del infantil.

Y, bueno, además, qué duda cabe de lo bueno que puede ser un acercamiento de estos grandes escritores a los niños de una manera tan acertada como se ha hecho en esta ocasión, cosa que no siempre se consigue, todo hay que decirlo… Me parece grandioso que un niño de 5 años no solo sepa quién fue Julio Cortázar sino que pueda leer algún texto suyo y lo pueda disfrutar: ¡qué honra para un escritor!

Así pues, “Discurso del oso” lo escribió Julio Cortázar en 1964 y lo ilustró, como ya he dicho antes, Emilio Urberuaga, para la editorial Libros del Zorro Rojo, en 2008. Y, aquí os dejo un enlace para que lo disfrutéis leído por su propio autor. ¡Hasta la semana que viene!

La guerra perdida

¿En qué momento las personas dejan de entender el absurdo de las guerras? Porque, no es raro que un niño pregunte por qué se producen las guerras, o quién decide que dos países entren en guerra, o por qué esas personas que deciden no luchan entre ellas y dejan al resto en paz. Son muchas las veces que he oído estas reflexiones en boca de algún niño… y, en qué momento se olvidan de ellas y se vuelven combativos, irreflexivos. No estoy preguntando el por qué de las guerras, estoy preguntando en qué momento de la vida de esa persona hay una inflexión en la que el dinero pesa más que la vidas…

Y aquí llega otro álbum para educar pero también para mantener la memoria, para no dejar de hacernos estas preguntas tan simples, tan inocentes pero, a la vez, tan sinceras. En “La guerra perdida”, un general, a lomos de su caballo, busca una guerra pero, cuando intenta reclutar hombres para dirigirlos, nadie entiende la idea y el general no consigue que nadie le siga. Sin embargo, no desiste en su búsqueda y, por el camino, se encuentra con un almirante a bordo de su barco con el que, rápidamente, iniciará una batalla. Un batalla en la que, finalmente, ambos serán vencedores… o perdedores, según cómo se mire…

Comotto, utiliza unos textos tan sencillos, tan obvios, que mueven a la vergüenza del adulto por la simplificación del tema. Vergüenza por tener que admitir que, en definitiva, el peor comportamiento que nos define como ser humano es que, de una manera caprichosa, egoista y, en todo momento, incromprensible, somos capaces de matarnos entre nosotros… A este texto lo acompañan unas ilustraciones también sencillas, pero con esa sencillez tan característica que las convierte en sello inconfundible de este autor tan comprometido.

Agustín Comotto, publicó “La guerra perdida” y lo hizo a través de Thule Ediciones en 2008.

Bueno, ¡hasta la semana que viene!

Yo pasé por el infierno.

Me cuesta creer que Jutta Bauer pensara en un público infantil cuando escribió este libro. Y, que conste que no considero un error el uso de un humor tan inteligente en un libro infantil, más bien al contrario, creo que está muy bien para el buen desarrollo del sentido del humor, tan necesario en esta sociedad.  Eduquemos en el humor y en el mundo habrá menos odio…

Pues bien, “Yo pasé por el Infierno” es prácticamente un chiste; una broma con un humor cercano al negro en el que un hombre, ciertamente no con muchos escrúpulos, tiene un accidente y muere. Rápidamente es juzgado y condenado a pasar la eternidad en el infierno, y resulta que nada se parece a la descripción que siempre le habían hecho de aquél. Dentro de las múltiples opciones que le ofrecen en las tinieblas, nuestro personaje opta por el Spa Infierno, pero pasados los años, lo que al principio le parecía una buena manera de pasar la eternidad, se convierte en un verdadero infierno llegando a desear, incluso, el martirio. De algún modo, su caso vuelve  a ser revisado por la Justicia del Infierno quien decide… no, esta vez no os voy a contar más, tendréis que leerlo, porque si no perderá toda la gracia que innegablemente tiene y no me lo perdonaríais.

“Ich ging durch die Hölle”, lo escribió e ilustró Jutta Bauer y se publicó en 2007. Ya en 2012, Lóguez Ediciones lo publicó en castellano.

¡Hasta la semana que viene!

¡Yo no he sido!

Esto viene a ser como la famosa frase falsamente atribuida a Albert Einstein: aquello de que si las abejas desaparecieran, al hombre le quedarían cuatro años en la Tierra.

Claro que, si bien es cierto que no hay que atribuirles todo el mérito de la polinización a estos insectos, también es verdad que es necesario reflexionar acerca de qué pasaría si esta especie desapareciera. No sería muy beneficioso para nosotros…

Esto es lo que plantea Voltz de manera sencilla para que los niños lo entiendan… y bueno, también para que lo entienda algún que otro adulto de ideas más cerriles. Una granjera que va a ordeñar a su vaca, se encuentra por el camino una araña. Horrorizada, la aplasta con el pie y, definitivamente, la mata. En ese mismo momento, la vaca, asustada por algo, le propina una cornada a su dueña quien, sumamente enfadada, comienza a preguntar a cada uno de los animales de la granja por qué han hecho eso, dado que éstos comienzan a exculparse y a culpabilizarse entre ellos. Poco a poco, la pregunta la irá realizando a uno y a otro para tratar de esclarecer la responsabilidad última hasta que, por fin, se encuentra con el mosquito. Y el mosquito le responde que, como ya no hay arañas que le coman, puede picar a sus anchas. Es decir, la picadura del mosquito es lo que ha desencadenado una serie de reacciones entre los animales que acaban en la cornada de la vaca.

Bueno, explicado así parece un poco lioso pero os aseguro que es un álbum de lo más divertido e instructivo. Como siempre, las ilustraciones de Voltz, a base de composiciones con objetos de lo más variopinto, son del todo originales y estéticas; además, siempre es entretenido eso, mirar cómo y con qué ha construido a este u otro personaje.

“C’est pas ma faute!” lo escribió Christian Voltz, de quien he hablado ya alguna vez por aquí (es uno de mis preferidos). En 2001 se publicó en Francia y, al castellano, se encargó de traducirlo en 2003 la editorial Kalandraka.

En fin, ¡hasta la semana que viene!