¡Mi maestra es un monstruo! (No es cierto)

Aquí estamos, con un sentimiento que todos alguna vez hemos tenido. Una persona que conocemos en un ambiente en el que ella tiene autoridad sobre nosotros y la vemos como un monstruo. Pero, si somos capaces de obviar los prejuicios, de tratar de conocer a esa persona, podemos empezar a verla de manera diferente e incluso que nuestra percepción subjetiva de ella cambie, que mejore. O no, no vamos a ser cándidos, que otras veces nos confirma lo poco equivocados que estábamos. Pero, en fin, nunca está de más poner a prueba los prejuicios que tenemos sobre la gente que acabamos de conocer.

Y esto es lo que le ocurre a Bobby con su profesora la señora Kirby. Los gritos de la maestra en el colegio hacen que el niño la vea como un monstruo. Pero un sábado se la encuentra en el parque y  una situación que al principio resulta extraña para los dos, poco a poco va cambiando a medida que se van conociendo. La imagen de la profesora que, al principio, aparece dibujada como un monstruo verde con dientes afilados y garras, poco a poco, va suavizando sus rasgos hasta convertirse en una mujer agradable… que sigue gritando en clase, sí, pero Bobby ya la ve con otros ojos.

Me pareció divertido leer esta historia la primera vez porque, ¿quién no ha tenido esta sensación con algún profesor en su infancia?. “A los maestros incomprendidos y a sus alumnos incomprendidos” reza en la dedicatoria. ¡Genial!

“My Teacher is a Monster! (No, I am not)” lo escribió e ilustró Peter Brown en 2014. Dos años después lo tradujo al castellano la Editorial Océano Travesía y, en 2017, lo hizo al valenciano Andana Editorial. En Bétera, en su biblioteca municipal, podéis encontrarlo así que lo tenéis fácil.

Bueno, pues, hasta la semana que viene.

Ferdinando el toro.

“No hay duda de que la exposición hizo las veces de feria navideña; la afluencia de gente crecía cada día, y se nos hacía especialmente duro rechazar a tantos niños berlineses que hasta allí se acercaban mendigando un libro. Una tarde, sentada a solas en la escalera de acceso, con El Toro Ferdinando de Munroe Leaf sobre mis rodillas, me rompí la cabeza pensando en cómo conseguir un libro que poner bajo la almohada de aquellos pequeños por Navidad. ¡Y Ferdinando me dio una idea!.

En Berlín salían los periódicos cada mañana, luego en algún lugar tenía que haber inmensos rollos de papel de prensa. Quizá pudiéramos imprimir El toro Ferdinando en ese mismo papel y luego plegarlo hasta componer un pequeño libro. Se cumpliría así el sueño de Navidad de muchos niños.

(…) De la imprenta de Tempelholf salieron 30.000 ejemplares en una sola noche.”

Jella Lepman (1964). Un puente de libros infantiles

Hoy he preferido comenzar con este extracto del libro que os traía hace dos semanas para presentaros este clásico de mención obligada en un blog de literatura infantil, más después del reciente estreno de la película a cargo de la productora Blue Sky Studios que, si queréis que os diga la verdad, todavía no he tenido ocasión de ver.

Lo justo es contextualizar esta historia para poder hacer una buena crítica de ella. Estamos hablando de 1936 cuando Leaf publica este cuento para niños ambientado en España y basado en una historia real (el toro Civilón). Y, qué duda cabe de que hay un sentido pacifista en todo esto que, de nuevo, enmarcado entre la Guerra Civil Española que acababa de estallar y la II Guerra Mundial a punto de hacerlo, parece que explique mejor su lectura. Y yo creo que por eso Lepman, años después, en la Navidad de 1946, escoge este cuento y no otro para repartir entre los niños berlineses: Ferdinando, el toro que no quería luchar ni embestir, el toro que solo quería oler las flores.

En todo caso, estoy segura de que resultaría rompedor en aquella época la lectura de este cuento entre los niños. Así que, aquí está, un cuento pacifista para hoy: Ferdinando el toro, que escribió en 1936 Munro Leaf, ilustró años más tarde Werner Klemke y que ha reeditado Lóguez Ediciones.

Y, bueno, os dejo un enlace al corto que estrenó Disney en 1938 y que es muy fiel al libro, aunque la visión de los españoles o de la ciudad de Madrid en aquella época sea algo discutible… Hasta la semana que viene.

Un puente de libros infantiles.

Hoy no traigo un libro para niños, hoy os quiero acercar a un modo de ver la vida y el mundo de una mujer: Jella Lepman, una mujer viuda y con dos hijos, afincada en Inglaterra después de huir de Alemania justo antes de la II Guerra Mundial.

Una vez acabada la contienda vuelve como asesora para temas relacionados con la educación y la cultura de los niños y las mujeres alemanes en la zona de ocupación americana. Sin embargo, este cometido tan amplio y ambiguo, ella lo va centrando a través de una idea: que los libros infantiles y juveniles se conviertan en la herramienta necesaria para la formación de las personas, el entendimiento entre culturas y pueblos… y ésto, que parece tan sencillo, tan idílico, no puedo ni imaginar lo que debió suponer en una Europa rota, dividida, destruida (y no solo físicamente) por el fascismo y la guerra. Y, sin embargo, lo logró. Consiguió llevar a cabo la primera exposición internacional de libros infantiles con las donaciones de 20 países. Pero no paró aquí, creó la Biblioteca Internacional de la Juventud, la IBBY y los premios Hans Christian Andersen. ¡Impresionante!

Una forma de ver el mundo esperanzadora porque, solo cuidando a los niños podemos asegurar el futuro. “El hombre mejor no es nunca el que fue menos niño, sino al revés: el que al frisar los treinta años encuentra acumulado en su corazón el más espléndido tesoro de infancia” (José Ortega y Gaset, 1951)

Una autobiografía de Jella Lepman sobre aquellos años de la posguerra en Alemania, que publicó en 1964 y que podéis encontrar en castellano publicado por Creotz Ediciones (2017). Una de esas mujeres que es imprescindible conocer.

Bueno, hasta la semana que viene.

¿Y yo qué puedo hacer?

Sin quitar un ápice de mérito a la labor que realizan muchas ONG (otras me infunden rabia y terror cuando profundizo en su organización), siempre me ha fastidiado la devoción y la ayuda hacia ellas que surge entre algunas personas en estas fechas y solo en estas fechas. Como si limpiáramos conciencias con dinero destinado a proyectos lejanos para tratar de paliar problemas que no nos afectan pero que, lo más seguro y de manera indirecta, hemos provocado nosotros con nuestro modo de vida. Sí, viene a recordarme un poco a la campaña franquista “Siente un pobre en su mesa” que caricaturizó Berlanga en su película “Plácido“.

Y, claro, cuando leí “¿Y yo qué puedo hacer?”, pensé que podía ser una gran herramienta para que un niño entienda en qué consiste la solidaridad y la empatía más allá de la Navidad y las grandes campañas o acciones que se llevan a cabo en ese momento del año.

El señor Equis lee el periódico todas las mañanas y el cuerpo se le llena de preocupaciones ante las noticias que acaba de leer. La pregunta “¿Y yo qué puedo hacer?” se aloja en su cabeza y le tortura hasta que, una noche, cansado, se duerme en el sofá con la boca abierta. La pregunta encuentra el agujero y aprovecha para quedarse en la lengua. Al día siguiente, el señor Equis, se asombra cuando descubre que, cada vez que abre la boca, la pregunta sale, y cada vez que sale, alguien que está cerca del señor Equis le contesta: una mujer angustiada en la calle que necesita que alguien la lleve al hospital con su hijo que tiene fiebre, la vecina enferma que no puede bajar a hacer la compra… gente cercana y con problemas que siempre responderán a la pregunta “¿y yo qué puedo hacer?”.

Una delicia de libro de José Campanari con ilustraciones sencillas pero originales y muy adecuadas al texto de Jesús Cisneros y que fue publicado por OQO Editora en su colección O, en 2008.

Y, bueno, que tengáis una buena entrada en el 2018 y hasta la semana que viene.

Madrechillona

Hay veces que tratamos a nuestros hijos de manera injusta: un grito, un gesto, unas palabras desafortunadas… en fin, una situación fuera de tono. Y un día encontré un libro para pedir perdón a mis hijos en estos casos o, más bien, para que entendieran que no eran culpables y que no debían preocuparse porque, el perdón, ya se lo había pedido antes.

“Madrechillona”, de Jutta Bauer. Un libro sencillo en cuanto a texto e ilustraciones pero no carente de sentido. Un pingüino describe su sentir después de que una mañana, su madre, le haya chillado. Un niño roto, descompuesto ante el enfado de su madre quien recoge los trozos de su hijo y los une para pedirle perdón. Un ejemplo de serenidad y reconocimiento de nuetros errores que, también debemos tener antes nuestros hijos. No somos perfectos y ellos deben saberlo.

“Schreimutter” fue publicado en 2000 y, un año después, traducido al español por Lóguez Ediciones.

Y tiene otros libros esta autora, y muy buenos también, pero ya os hablaré de ellos en otra ocasión. Mientras tanto, hasta la semana que viene.

Si un día juntásemos todas las camas del mundo.

El pasado domingo, 10, fue el Día de los Derechos Humanos, y se me ocurrió traeros hoy esta maravilla de libro, esta reflexión tierna y dura a la vez: “Si un día juntásemos todas las camas del mundo”. Diferentes camas, diferentes personas, diferentes vidas… diferencias que reflejan injusticias o situaciones adversas. Un contacto dulce de la realidad con el niño, quien podrá entender un poco más este mundo. Las ilustraciones de Marta Lanzón son también dulces con un gusto onírico y acompañan perfectamente a las palabras que, sin embargo, al final, nos dan un toque, un toque de esperanza, un toque para que cambiemos este mundo:

“… lo mejor de juntar todas las camas del mundo sería que por lo menos esa noche toda la gente del mundo podría dormir sobre una cama, dormir y descansar, descansar y soñar, soñar con qué pasaría si un día juntásemos todas las cacerolas del mundo.”

Y, cuán importante sería que los niños entendieran esto, que romper con esta situación, cambiar esta cosmovisión es posible, que está en nuestras manos, y también en las suyas. Y, así, hacer que no quede todo en “declaraciones” sino en hechos…

Félix Albo formó parte del grupo Albo durante diez años junto con Toni Mira y mi admirado Pablo Albo. Pero fue ya trabajando solo, en 2010, cuando publicó este libro a través de la editorial Palabras del Candil, una editorial dedicada a la narración oral. Una editorial muy curiosa, ¡echadle un vistazo!

Bien, pues, hasta la semana que viene.

 

Bienvenido a la familia

No soy muy aficionada a los libros tipo enciclopedia para niños. Muchos de ellos pecan de tener una cantidad excesiva de textos e imágenes difícil de seguir por un niño. Además, los temas son recurrentes sin aportar mayor originalidad a lo que los niños van aprendiendo.

Por eso, la primera vez que encontré “Bienvenido a la familia” lo empecé a hojear no sin cierto recelo: una enciclopedia y que trataba el tema de la familia… Una inquietud, más morbosa que otra cosa, me hizo comenzar a leer los textos: ¿qué tipo de familia describiría?… Y cuál fue mi sorpresa al descubrir a estas dos autoras escribiendo sobre diferentes tipos de familias. Niños adoptados, familias de acogida, niños nacidos por FIV, parejas homosexuales, gestación subrogada, familias reconstituidas… sí, yo creo que todos los tipos de familias aparecían en este libro, todos explicados con gran naturalidad, con respeto, con unas ilustraciones magníficas que hacía atractivo seguir pasando las páginas y leer cada uno de sus rincones.

Por fin un libro sobre la familia, actual y respetuoso… lo primero que pensé es que este libro debería leerlo agún adulto… pero, bueno, empecé por comprarlo y llevarlo a casa… Un libro que os recomiendo para abrir mentes y enseñar en el respeto. Sí, decididamente, un libro magnífico.

Mary Hoffman, escribió “Welcome to the family” en 2014, junto a Ros Asquith, quien le puso las ilustraciones. Un trabajo codo con codo que tradujo y publicó ese mismo año Editorial Juventud. Y tienen más: “El gran libro del cuerpo”, “El gran libro de la ecología”… pero ya os hablaré otro día de ellos…

Vale, pues, ¡hasta la semana que viene!

Salvaje

Hoy, una de las personas más importante de mi vida, cumple años y, por eso, os traigo un libro que me recuerda enormemente a ella: “Salvaje”, de Emily Hughes.

Un cuento basado en los diversos relatos de los niños salvajes en el que una niña es “rescatada” del bosque y llevada a la civilización donde no logra adaptarse. Finalmente, la niña vuelve al bosque para reunirse con su familia, con sus amigos: los animales. Porque, como reza en la contraportada del libro, “No se puede domar algo tan felizmente salvaje”.

Las ilustraciones son expresivas a más no poder, con un bosque que nos atrae por ser tan frondoso, exuberante, enredado. Una niña de enormes ojos cuyo pelo se confunde entre lavegetación. Animales dibujados con trazos que aportan gran dinamismo a la historia que, con pocas palabras, nos cuenta la autora… El libro entero es como un cuadro dedicado a la naturaleza.

“Wild” lo creó Hughes en 2013 y, un año más tarde, lo publicó en castellano la editorial Libros del Zorro Rojo.

Y, en fin, que tengas un gran día, pequeña salvaje, que no seré yo quien intente domarte…

¡Hasta la semana que viene!

Frederick

“Frederick” (1963), o lo que voy a llamar “Desmontando un clásico I”. Y es que, no sé a vosotros, pero a mí me fastidian y me han fastidiado mucho a lo largo de mi vida los cuentos clásicos como “Caperucita Roja”, “Los tres cerditos” o, el caso que me ocupa hoy, “La cigarra y la hormiga”.

Una fábula atribuída a Esopo y recreada por Jean de La Fontaine y Félix María Samaniego. En ella (ya la conocemos todos) una cigarra, con la llegada del invierno, le pide alimento a una hormiga, quien se lo niega:

(…)
¿Qué hacías durante el verano?
le preguntó a la pedigüeña.
-Día y noche a quien me encontraba,
le cantaba, no te disgustes.
-¿Le cantabas? Me alegro.
¡Pues bien, baila ahora!

Y, sí, tenemos todos en mente a esa cigarra que todos dibujan con un violín y que dedica su vida a cantar y tocar para los demás. Así que, la música, la poesía, las artes son propias de los holgazanes…

Y lo sorprendente y preocupante es que estos cuentos se siguen leyendo a los niños hoy en día como ejemplo moralizante. Lo que no nos cuentan estos cuentos es lo triste, lo aburrida y monótona que resultaría la vida sin el arte, sin la música…

Leo Lionni rompe con todos aquellos prejuicios y nos explica, nos cuenta lo necesarias que son en el mundo estas personas que se dedican a crear. En “Frederick”, una familia de ratones aparece recogiendo y almacenando comida para el invierno y, en esta tarea, participan todos menos Frederick.

Frederick recoge rayos de sol, colores, palabras… y todo esto lo recoge bajo la incomprensión y los prejuicios del resto de los ratones. Cuando llega el invierno, poco a poco, van consumiendo todas las provisiones hasta quedarse sin nada qué comer ni nada con qué calentarse. Es entonces cuando Frederick, con todos los colores, palabras y rayos de sol recolectados, comienza a hablar consiguiendo que los ratones entren en calor y sientan bienestar y felicidad reconociendo, así, la importante labor de Frederick, el poeta.

Ya comenté en mi primera entrada de este blog lo que había significado este libro para mí y, ahora, ya entendéis por qué. Uno de esos cuentos que resulta rompedor y, de una manera inexplicable, esperanzador. Cómo no, a estos magníficos textos, los acompañan las características ilustraciones de Leo Lionni: sencillas pero hermosas.”Frederick” lo encontraréis publicado por la editorial “Kalandraka” (2006).

¡Hasta la semana que viene!

Un regalo diferente

Hoy es mi cumpleaños, y se me ha ocurrido traeros este cuento que encuentro muy divertido para que los niños comprendan aquello de que los regalos no tienen por qué ser materialistas y que, muchas veces, son los mejores regalos que te pueden hacer.

Es el cumpleaños de Marcel y su amigo Tristán le regala un trozo de tela que le sobró de las cortinas. Tristán se queda decepcionado porque él esperaba una peonza pero, igualmente, se van a merendar. A partir de ese momento, la tela les es de mucha utilidad en todas las situaciones y aventuras que les van surgiendo a lo largo de la tarde. Finalmente, Marcel, reconoce que le ha gustado mucho más el trozo de tela que la peonza.

El texto es de Marta Azcona y las ilustraciones de Rosa Osuna, quien usa acuarela y pastel en el diseño de sus personajes que resultan fescos, originales y muy, muy expresivos. El dibujo de una figura a lápiz va siguiendo a los protagonistas siendo advertido solo por el perro de Marcel, que les acompaña, y resulta divertido buscarlo en cada página. Además, una foto singulariza el trozo de tela del resto de la ilustración convirtiéndola en un personaje más. Todo esto, junto con el texto repetitivo que añade dinamismo al cuento, lo convierte en algo muy original.

“Un regalo diferente”, lo tenéis publicado por la editorial Kalandraka (2005) y los de Bétera lo podéis encontrar en nuestra biblioteca municipal .

Por cierto, Lola, Pepe, ¡muchas gracias por vuestro regalo diferente! 😉

Bueno, pues, hasta la semana que viene…